Yucatán.— Llega el Janal Pixan, se antoja el pibipollo, y también las historias que te paran hasta el copete y te meten todo el susto. Porque si algo nos gusta en la península, además de comer y quejarnos del calor, es asustarnos con rincones donde ni los aluxes quieren dormir. Aquí te va el top 5 de lugares embrujados donde los vivos rentan barato y los muertos no se van ni con agua bendita.
1. Hacienda de Cholul
La joya del terror yucateco. Una ex hacienda donde se dice que el patrón perdió la cabeza —literal— y desde entonces se escuchan gritos, llantos y uno que otro reguetón espectral. A los que se atreven a entrar, el susto les quita hasta la insolación.

2. Casa Zurita
Ubicada cerca del parque de Santiago, esta joyita tiene más drama que novela de Televisa: madre e hija murieron trágicamente asesinadas y desde entonces los vecinos escuchan gritos, ven sombras y juran que una señora se sienta todas las noches a chismear con la muerte en el jardín. Otros dicen que solo le esta cobrando la tanda.

3. Clínica Peninsular
Cerró hace años, pero sigue más activa que tu ex tóxico. Los que se han colado dicen que se oyen pasos, lamentos y puertas que se cierran solas. Si te da miedo el IMSS, espera a conocer esta versión paranormal: atienden gratis, pero solo si ya cruzaste al otro lado.

4. El Pinar
Una mansión tan finolis que hasta los fantasmas entran con smoking. Dicen que por las noches se ve a una dama de blanco paseando por los pasillos, probablemente buscando al jardinero que le debía los intereses del alma. Si vas, no olvides saludar con reverencia: los espíritus aquí manejan pedigree y los jardineros tienen pegue.

5. Misnebalám
El pueblo fantasma por excelencia. Abandonado desde hace décadas, hoy es sede oficial del “turismo del susto”. Entre los árboles secos y las casonas caídas se escucha el eco del niño Juliancito, que supuestamente sigue jugando a las escondidas… con quien se atreva a buscarlo.

Así que si este Janal Pixan te sientes valiente, ya tienes el recorrido completo: del Cholul al Misnebalám, del susto al empacho. Lleva veladora, repelente y cambio limpio, por si un espíritu se enamora de ti. Y si un alma en pena te ofrece pibipollo, no lo rechaces: en Yucatán, hasta los muertos son buenos anfitriones.



