Mérida.— En un giro inesperado de la meteorología social, un cubano decidió combatir el calor yucateco a su manera: lanzando chorros de agua a ciclistas, motociclistas y peatones que osaban desafiar el periférico en horario de horno. El hombre, identificado como Ariel “A”, de 53 años, fue detenido por la SSP después de un operativo digno de película de acción, pero con pistolitas de agua.

Según testigos, el individuo conducía un carro negro y, con precisión de francotirador veraniego, apuntaba a todo lo que se movía. Algunos lo vieron como una travesura inofensiva; otros, como el inicio del apocalipsis líquido. Lo cierto es que, gracias a los reportes en redes de gente que no tiene nada que hacer y al poder de los arcos lectores (porque nada escapa al Gran Hermano yucateco), el sospechoso fue atrapado en el kilómetro 25 del periférico.
Pero no todo fue tragedia ni toallas mojadas. Uno de los afectados —un ciclista que quedó empapado hasta los calcetines— decidió nominar al buen Ariel al Premio Nobel de la Paz, argumentando que el agua le evitó un golpe de calor. “Por poquito le ganaba el premio a María Corina”, declararon (en noruego) testigos de dudosa existencia.
Mientras tanto, los comentarios en redes sociales se desbordaron como cubeta volteada: los hubo que pedían deportarlo, otros querían darle las llaves de la ciudad. Unos gritaban “¡xenofobia!”, y otros, “¡mójame a mí, papi!”. Pero en Yucatán, al parecer, todos son agentes de derechos humanos o jueces federales desde su celular.
El vehículo fue llevado al corralón, y Ariel, el Aquaman del periférico; como lo nombran en los separos, a enfrentar cargos por alterar el orden público. Sin embargo, algunos cuestionan si las autoridades no podrían usar su tiempo en cosas más importantes, como, no sé, atrapar al tipo que se roba las tapas de alcantarilla o encontrar al responsable de que el tránsito colapse cada viernes.
Por ahora, el héroe tropical descansa en custodia, mientras cientos de meridanos lo recuerdan cada vez que el sol los derrite. Puede que no haya ganado el Nobel, pero sin duda lo extrañaremos con el sol de mediodía y cuando ande fallando el clima del auto.
Y sí, entre tanta indignación digital y drama noticioso, queda una lección: en Mérida el calor es tan intenso que hasta las travesuras terminan pareciendo actos humanitarios.



